La guerra urbana desangra a Barranquilla: crónica de 14 asesinatos en 48 horas

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Viernes 12 de enero. El calor de la tarde asola a Barranquilla. José David Martínez Silva sale corriendo del mercado de granos, completamente cubierto de sangre, su propia sangre. Hace pocos momentos, le dispararon 11 veces. Avanza 50 metros y colapsa a mitad de una vía. No se volverá a levantar. Martínez, de 27 años, es la primera víctima de un fin de semana de violencia descontrolada en la principal ciudad del Caribe colombiano, que hasta hace poco era la capital más segura del país. A lo largo de las próximas 48 horas, 13 personas más serán asesinadas en un área metropolitana de casi tres millones de habitantes. Doce de ellas en el sur, donde una guerra entre varias pandillas deja un rastro de muerte. Los hechos de algunos de esos homicidios muestran lo que hay detrás de la ola de crímenes.

Vista de Barranquilla, el 13 de Julio del 2023.NATHALIA ANGARITA

Franklin De Ávila, ‘Franklin Pegaso’

Viernes. 21.30 horas. La Policía halla un cuerpo en una trocha del municipio de Malambo, al sur de la capital del Atlántico. Se trata de Franklin David De Ávila García, Franklin Pegaso. Tiene 24 años, un prontuario criminal extenso y tres balazos en la cabeza. Es trasladado a la Clínica Campbell, de Malambo, donde fallece minutos después.

Los detalles de su pasado criminal salen a la luz. Fue detenido por primera vez en 2012, cuando tenía 13 años, por un caso de hurto. Un año más tarde, lo atraparon por porte de armas, un delito por el que fue detenido repetidamente en 2018, ya mayor de edad. En 2021, la Policía lo señaló de su crimen más horroroso: el asesinato del cantante de música ranchera Richard Figueroa durante un atraco en el municipio cercano de Soledad. Tras cada captura volvió a la libertad, y al delito.

Luis Trejos, profesor de Ciencia Política de la Universidad del Norte, explica que una competencia criminal se ha apoderado del sur del área metropolitana. “Es una guerra entre distintas pandillas por el control de la mayor cantidad de territorio posible. Esto con el fin de obtener rentas por la vía de la extorsión y el microtráfico, entre otras cosas”, asegura por teléfono. Los principales actores son el Clan del Golfo, los Costeños, los Rastrojos Costeños y los Pepes. En los últimos tres años, ha aumentado la violencia a un nivel nunca antes visto en Barranquilla.

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Hernando Andrés Barraza, ‘Nando’

Sábado. 16.45 horas. Hernando Andrés Barraza Mejía, alias Nando, se encuentra con un grupo de personas en las cercanías de una cancha de fútbol del barrio La Luz, al suroriente de Barranquilla. De repente, llega a pie un sicario y dispara. Nando, de 24 años, recibe un balazo en el pecho. Es llevado al centro médico Camino Simón Bolívar, donde muere. Según la Policía, tenía tres anotaciones judiciales en los últimos tres años por porte de armas, y otra por secuestro, de octubre 2022.

La guerra urbana inició durante la pandemia, afirma el profesor Trejos. Mientras en el resto de las grandes ciudades de Colombia los homicidios descendían, en la capital del Atlántico se disparaban. Su hipótesis es que el confinamiento afectó a las bandas criminales de la ciudad. “Durante mucho tiempo las organizaciones locales prestaban servicios a las nacionales, especialmente en la protección de embarques de cocaína que llegaban para ser exportados por el puerto o por la costa en lanchas rápidas”, recuerda. Pero cuando llegó la pandemia, la exportación de cocaína disminuyó notablemente. Era mucho más difícil trasladar la droga por las carreteras, que tenían pocos carros, y sacarla por el mar, donde había pocas embarcaciones.

Trejos dice que, a raíz de esto, las organizaciones nacionales dejaron de contratar a las bandas locales. Sin droga para mover, los negocios criminales locales se comprimieron “al máximo”, asegura el experto en seguridad. Meses más tarde, cuando las medidas de cuarentena bajaron y las pandillas pudieron hacer negocios otra vez, empezaron a competir para capturar las rentas que se quedaron disponibles: “Eso disparó la guerra, y todavía nadie la ha ganado”.

operativos en barranquilla
Operativo policial en la ciudad de Barranquilla.Policía Metropolitana de Barranquilla

Esteban Castillo, ‘Negro Esteban’

Domingo. 5.50 horas. Esteban Castillo Barón, alias Negro Esteban se encuentra en su residencia en el barrio Primero de Mayo, del municipio de Soledad. Según el recuento de la Policía, dos personas tocan a la puerta. El albañil de 49 años se levanta para abrirla. Antes de que lo pueda hacer, varias balas lo impactan en la clavícula, el cuello y en la cara. Muere. En los días posteriores, la Policía ha asegurado que tenía conexiones con alias Gordo 40, cabecilla de los Costeños.

Desde que empezó la guerra, las cifras de asesinatos en el Atlántico ―siempre concentrados en el área metropolitana― han subido drásticamente. Entre 2010 y 2020 fueron relativamente estables: vacilaron entre 508 y 568, de acuerdo con la Policía Nacional. En 2021 saltaron a 712. El año pasado, llegaron a 769.

No solamente los homicidios han incrementado. La violencia se vive de una forma mucho más abierta, más brutal. En 2023 hubo nueve masacres en el área metropolitana. Cuerpos han aparecido desmembrados, flotando en el río Magdalena. Las víctimas no son solamente los pandilleros, sostiene Trejos. “Pueden ser civiles que incumplieron alguna norma, como denunciar algún hecho o pagar una extorsión al grupo equivocado. Vivir en un barrio en disputa o gobernado por un grupo criminal pone a todos los habitantes de esos barrios en riesgo de que su cuerpo se convierta en un espectáculo para enviar señales,” afirma.

Carlos y Luis Ricardo Julio

Domingo. 15.20 horas. Los hermanos Carlos y Luis Ricardo Julio, de 55 y 47 años, están en una casa del barrio El Edén, al suroccidente de Barranquilla. Charlan, sentados en la sala. De golpe irrumpe un sicario por la puerta, que habían dejado abierta, y les dispara. Uno de los hermanos muere en la silla. El otro intenta escaparse, pero fallece en otro lugar de la casa. Según la Policía, detrás del doble asesinato está una disputa por unos lotes de tierra. Carlos, el hermano mayor, era abogado y aparentemente trabajaba para un cliente que quería comercializar los terrenos.

Jeisson Manuel Sandoval

Domingo. Fin de la tarde. Jeisson Manuel Sandoval hace arreglos a una moto en la puerta de su casa, en el barrio La Floresta, del municipio de Soledad. Según contó su madre a la emisora local Zona Cero, “llegan unos muchachos y se escuchan disparos”. Sandoval muere momentos después en una clínica cercana. Tenía 22 años. Su mamá, Jackelin Acosta, lo recuerda como “un pelao bien mandado”. “No andaba en problemas ni nada”, dice.

Pablo José Ayala

Domingo. 18.30 horas. Pablo José Ayala Silgado, de 21 años, camina por en el barrio La Sierrita, al suroccidente de Barranquilla. De repente, dos sicarios en una moto se acercan y le disparan tres veces. Ayala recibe impactos de bala en la cabeza, el tórax y el brazo izquierdo. Es trasladado a la Clínica San Ignacio, donde fallece.

Hasta el momento de publicar este artículo, la Policía Metropolitana de Barranquilla no ha anunciado ninguna detención por los 14 asesinatos. Este lunes, el coronel Dave Figueroa aseguró a Zona Cero que “la Policía Nacional ha destacado un grupo investigativo con el fin de dar con los esclarecimientos y la captura de los autores materiales e intelectuales”. Agregó que más del 50% de las víctimas registraban anotaciones judiciales, “lo que dan cuenta de la posible disputa territorial por parte de las estructuras criminales”.

Para el profesor Trejos, esta violencia se ha convertido en una parte normal de la vida en Barranquilla. No es una epidemia ni es coyuntural, es el día a día: “En algún momento había picos, pero ya es casi permanente”.

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