La relación entre Europa e Israel que España reclama revisar genera intercambios comerciales de 63.000 millones anuales | Internacional

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La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, saludaba al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, el pasado octubre en Tel Aviv.DPA vía Europa Press (DPA vía Europa Press)

Es casi un axioma en Bruselas decir que la UE no tiene ejército ni gran fuerza militar, pero sí potencia comercial para influir en la relaciones internacionales. Aunque admite matices, la frase se ajusta a la relación de la Unión Europea con Israel, que tiene como primer socio comercial al bloque comunitario. Los intercambios sostenidos por ambas partes suman más de 63.000 millones de euros anuales en bienes y servicios; una cifra muy baja para los 27 Estados europeos, que en 2022 alcanzaron un volumen total cercano a las cinco billones entre importaciones y exportaciones, pero muy alta para el Estado israelí, pues esa cantidad supone cerca del 25% de todas sus transacciones comerciales con el mundo, según los últimos datos disponibles de la Comisión Europea, 2022 para los bienes y 2021 para los servicios.

A la suspensión de esta relación apuntaban España e Irlanda en la carta remitida a Bruselas y conocida este miércoles en la que reclaman medidas por las vulneraciones del derecho internacional al pedir la revisión del acuerdo de asociación en el que se inscribe esa relación comercial. El pacto, suscrito por ambas partes en 1995 y en vigor desde 2000, es uno de los más antiguos de este tipo entre el club comunitario y un tercer país. Se activó el mismo año que el alcanzado con otro socio estratégico y vecino de la UE, Marruecos. Las transacciones de bienes y servicios tienen un saldo favorable para los 27 de casi 15.000 millones.

Bajando al detalle de qué intercambian Europa e Israel, se descubre que son las maquinarias y los vehículos los de mayor protagonismo tanto en las ventas como en las compras. La UE exporta bienes de este tipo por 12.250 millones, con destacada presencia de automóviles y equipamiento electrónico, e importa por 7.600 millones (más de la mitad corresponden a componentes electrónicos y circuitos integrados). Las ventas europeas de medicinas y productos químicos también superan los 5.000 millones por un poco más de 3.500 millones en compras. También los productos agroalimentarios tienen su importancia. Los productos en los que la relación comercial puede calificarse de residual son las armas y las municiones. Apenas unas ventas europeas por 42 millones por unas compras a Israel de 58 millones.

Pero la interrupción del acuerdo —o de alguna de sus cláusulas— por incumplimientos de la legislación internacional humanitaria por parte de Israel (debido a sus ataques sobre la población civil de Gaza) no es sencilla. Se tomaría en el Consejo Europeo —reúne a los jefes de Estado y de Gobierno de los países europeos— y por unanimidad, según fuentes comunitarias. Y la ofensiva de Israel sobre la Franja es uno de los temas más divisivos en el seno de la UE. Los Veintisiete no han logrado ponerse de acuerdo ni siquiera para reclamar un alto el fuego humanitario —piden “pausas humanitarias”— ni para imponer sanciones a los colonos violentos de Cisjordania, como sí han hecho Estados Unidos o Francia.

Los servicios jurídicos del Servicio Exterior de la UE (SEAE) estudian ahora la misiva hispanoirlandesa para determinar los pasos a seguir. Sobre la mesa está crear un comité que analice las posibles vulneraciones de los mimbres del acuerdo. La legislación europea marca que un convenio comercial como el que une a Israel y la UE desde el año 2000 se puede suspender tras la propuesta al Consejo de la Comisión o del alto representante para Política Exterior y Seguridad, Josep Borrell, según el contenido del acuerdo. “En cuanto a la existencia de motivos de suspensión en este caso, se trata de una cuestión de evaluación política que debería ser realizada por el Consejo, a iniciativa del alto representante, ya que se trata de una cuestión de política exterior”, señala una portavoz.

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Restringir los envíos de armas

Desde el inicio de la guerra, Borrell es una de las voces más críticas contra Israel por las vulneraciones de los derechos humanos y el asedio a la Franja. El lunes, el jefe de la diplomacia europea instó a restringir los envíos de armas a Israel ante la catastrófica situación de la franja de Gaza y el número de muertos palestinos (casi 29.000). Un mensaje dirigido sobre todo a EE UU pero también a los socios europeos. El jefe de la diplomacia europea ha asegurado este jueves que ya se está estudiando el caso y que espera poder dar una respuesta “pronto”. La reclamación de España e Irlanda, a la que se estaban sumando este jueves bastantes eurodiputados, puede así llevar al SEAE a pronunciarse de manera más concreta sobre las vulneraciones de Israel y sobre cómo afecta eso a convenio.

Aun así, incluso si el informe es crítico, un grupo de países entre los que están Austria, Hungría o República Checa rechazará suspenderlo. España junto a Irlanda, Bélgica, Luxemburgo —y en ocasiones Malta— forman el grupo más crítico con el Gobierno de Benjamín Netanyahu y el asedio a Gaza, que sostienen que vulnera la legislación internacional. Sin embargo, en el club comunitario son varios los socios que miran de reojo lo que hace Alemania para tomarlo como guía.

Berlín, uno de los miembros que más activamente ha apoyado a Israel sin fisuras tras los ataques de Hamás del 7 de octubre, en los que fueron asesinadas unas 1.200 personas y casi 200 secuestradas, ha endurecido su postura sobre los ataques a Gaza y las muertes de civiles, pero no se ha plantado. El mensaje más enérgico lo ha lanzado la ministra de Exteriores, Annalena Baerbock, de Los Verdes. “La lucha es contra el terrorismo y no contra la población civil inocente”, declaró esta misma semana. “Y si ahora también se actúa contra la organización terrorista Hamás en Rafah, entonces es nuestra responsabilidad conjunta. Es responsabilidad del ejército israelí proporcionar corredores seguros para que estas personas que buscaron protección allí puedan ponerse a salvo”, remarcó.

No solo el comercio apunta a la intensidad de las relaciones entre la UE e Israel. Hay muchas otras pruebas que lo sostienen. Por ejemplo, los estudiantes y profesores israelíes participan en el programa Erasmus: 9.592 han venido a uno de los Estados miembro entre 2015 y 2022 y 7.481 europeos han ido allí. También puede mirarse al gran programa de investigación europeo Horizon Europe, en el que participa Israel y del que recibe 170 millones al año para proyectos.

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