Ganadores y perdedores de los Emmy: mucha ansiedad, poca variedad y nada de ‘Better Call Saul’ | Televisión

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¿Para qué sirve una gala de premios en la actualidad? La pregunta surge cada vez que llega la temporada alta de estas ceremonias. Es muy posible que los Emmy, que tenían que haberse entregado en septiembre de 2023 y se dieron en la madrugada del lunes al martes (en horario español), se conviertan en los menos vistos de la historia. La audiencia de la televisión en abierta está de capa caída y también la de las entregas de premios. Y más en una era televisiva con tanta oferta de contenido que es muy complicado crear fenómenos que arrastren a las masas y les inviten a ver si su serie favorita es la ganadora. Y aun así, los Emmy siguen importando. Son una de las mejores campañas promocionales y de marketing para los títulos que ganan y al público le sirve para descubrir contenido que quizá se le hubiera podido escapar.

Es probable que Bronca (Netflix), que recogió este martes cinco premios, mejor miniserie de la temporada entre ellos, pasara desapercibida para mucha gente en el ingente catálogo de su plataforma, que en 2023 estrenó una media de casi dos programas originales diarios. Más promoción han tenido Succession (HBO Max) y The Bear (Disney+), las triunfadoras en drama y comedia con seis premios para cada una en la gala. Ambas son producciones de seguimiento minoritario aunque mucha resonancia mediática. En el cómputo total de los Emmy, que entregan en tres ceremonias decenas de galardones, The Bear terminó con 10 premios, Bronca y The Last of Us con ocho y Succession con seis.

La gala presentada por Anthony Anderson cumplió con el horario previsto y fue todo lo ágil que una ceremonia de premios puede ser, con predominio de la emoción por encima de las risas. La noche dejó un puñado de ganadores y perdedores:

Ganadores

La ansiedad y el estrés toman la televisión. La victoria de Ted Lasso los dos años pasados era un símbolo de la corriente que se hizo fuerte en la televisión con la pandemia, las historias que hacían que el espectador se sintiera reconfortado. Pero eso ya ha pasado, y el signo de los tiempos es la ansiedad, el estrés, la competitividad extrema. La televisión, con la agilidad que le caracteriza para reflejar su entorno, ha dado un giro, o al menos así lo reflejan los Emmy (y los Globos de Oro, que abrieron el camino de los Emmy la semana pasada con un reparto de premios casi idéntico). The Bear y Bronca básicamente se pueden resumir como historias de personajes al borde de un ataque de nervios (cuando no en pleno ataque). Succession tampoco es precisamente una historia relajada: el objetivo ahora parece ser llevar al espectador al borde del asiento y que necesite una tila antes de irse a dormir.

El homenaje a la historia de la televisión. El hilo conductor de la gala de los Emmy fue la historia de la televisión. Los homenajes se sucedieron, con numerosos reencuentros de actores de producciones icónicas como Cheers, Ally McBeal, Los Soprano o Anatomía de Grey, e incluso recreaciones de los escenarios en los que tenían lugar sus tramas, como el bar de la primera o el baño unisex y el inolvidable baile al ritmo de Barry White de la segunda. El esfuerzo de producción para reunir a tal cantidad de personalidades es más que reseñable. Las apariciones de Carol Burnett, Marla Gibbs, Joan Collins y Christina Applegate lograron poner en pie al auditorio.

La diversidad. En el día de Martin Luther King, los Emmy lograron una de las galas de premios con mayor diversidad entre sus premiados que se recuerda. Quinta Brunson, protagonista de Colegio Abbott, fue la segunda mujer negra en ganar el premio a la mejor actriz protagonista de comedia tras Isabel Sanford por Los Jefferson en 1981. Ali Wang y Steven Yeun recogieron sendas estatuillas por Bronca y así se convirtieron en la primera mujer y el primer hombre asiáticos en conquistarlas. Ayo Edebiri (The Bear), Niecy Nash-Betts (Dahmer), Ru Paul (RuPaul’s Drag Race), Trevor Noah (The Daily Show) también aportaron diversidad entre los ganadores de la noche. Además, Lee Sung-jun, creador, director y guionista de Bronca, es el primer asiático en lograr los tres premios, mejor serie, mejor dirección y mejor guion, el mismo año.

Perdedores

Muchas series, los mismos premiados. En los últimos años se repite una curiosa paradoja: aunque vivimos los tiempos de mayor producción televisiva, los galardones se reparten entre un reducidísimo número de ellas. Es como si los votantes solo vieran unas pocas series y se conformaran con eso. En esta madrugada, 17 de los 26 galardones fueron para tres series. Solo Colegio Abbott (con Quinta Brunson), The White Lotus (con Jennifer Coolidge), Dahmer (con Niecy Nash-Betts) y Encerrado con el diablo (con Paul Walter Hauser) consiguieron romper tímidamente este peculiar oligopolio. Es evidente que si una serie merece todos los premios, los debe tener, pero ya son demasiados años con esta misma tónica: los votantes de los Emmy votan con el piloto automático puesto.

Better Call Saul, Ted Lasso, Barry, Solo asesinatos en el edificio… Los premios nunca son justos del todo: muchos lo merecen y solo uno puede ganar. Y, como decíamos, a veces algunos acaparan muchas categorías. Duele especialmente el caso de Better Call Saul. La serie, heredera de Breaking Bad y que en muchas cosas superó a su madre, tuvo 53 nominaciones en su seis temporadas. Se ha marchado sin recibir ni un solo Emmy. Ni el fantástico trabajo de Bob Odenkirk ni la sobresaliente Rhea Seehorn han tenido reconocimiento. Otra de esas injusticias que pasan a la historia negra de estos premios. En sus años de despedida, tampoco Ted Lasso, Barry y La maravillosa señora Maisel pudieron rascar nada esta noche (sí lograron alguno en los Creative Arts Emmy Awards: Ted Lasso y La maravillosa señora Maisel ya tenían dos y Barry, uno). Solo un galardón al diseño de producción se llevó la segunda temporada de Solo asesinatos en el edificio, otra de las damnificadas por el tornado The Bear. Y ojo, a las comedias todavía les queda otro año de sufrimiento, porque en estos premios, The Bear optaba por su primera temporada; y la segunda, que competirá este año, es todavía mejor.

La televisión en abierto. El premio a Quinta Brunson fue el único para la televisión en abierto frente al poderío del cable y las plataformas, que ya conquistaron casi por completo estos galardones hace años. ¿Tiene sentido que los canales tradicionales sigan acogiendo una gala que se convierte en una celebración de las series de aquellos que les están robando la audiencia? La reflexión, posiblemente, ya llegue tarde.

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